Emilio: el mejor jardinero de La Playa

POR MAGDA SALLO GARCÍA

20190609_160028

Emilio tiene 77 años que se empeña en no representar. Alto, delgado, y ojos pardos llenos de vida, una vida colmada de  trabajo y vivencias. Por supuesto que ya está en edad de jubilación, pero ha decidido no contar el resto de su tiempo dentro de la apacible y confortable casa que comparte junto a su esposa; el precio de todo anda por las nubes y Emilio tiene los pies en la tierra.

ANTES…

“Comencé desde los 19 años, en 1961, en la Empresa Avícola Nacional, ahí estuve hasta 1994 cuando me incorporo a las FAR donde permanecí durante 26 años que marcaron mi vida para siempre con el cumplimiento de dos inolvidables misiones internacionalistas, la primera en Angola (1976-1977) y después Nicaragua (1984-1986); fueron muchas las experiencias, esos años son el orgullo de mi aval revolucionario”.

—Pero el uniforme con el que te identifico no es precisamente militar, ¿de dónde es?

—Bueno, antes de usar ese uniforme que me dices laboré en la fábrica de cubos, como comúnmente se le conoce, por espacio de 4 años. Después pasé al MINTUR-Cubanacán como custodio en el Hotel Super Club de Varadero por otros 25 años, de ahí es el uniforme.

“Muchas responsabilidades marcaron cada jornada de labor, pero el almanaque no se detiene y llega el momento de entregar el batón”.

20190609_160052

DESPUÉS…

Desde los sillones ambos miramos la variedad de plantas ornamentales, orquídeas, begonias, malangas, helechos, que adornan con milimétrica disposición su jardín y hacen del lugar una maravilla. Las manos de Emilio son las creadoras de tanta belleza. Él tiene una afición y la pone a funcionar más allá de los límites de su casa.

—Háblame de este proyecto de vida, te veo entusiasmado, ¿cómo se te ocurrió que podría ser una nueva manera de mantenerte activo?

—Siempre he dedicado parte del tiempo libre a embellecer mi jardín, como hobby. Con los años he ido desarrollando esa habilidad y me gusta ver todo lo que con mis propias manos soy capaz de lograr.

“Paso horas en eso de quitar las hojitas secas, darles formas a los arbustos, segar el césped, cambiar una y otra vez las plantas hasta que ocupen el lugar que prefieran para crecer, te confieso que me gusta, lo disfruto.

“Ceci, mi esposa, un día me dijo que esta etapa no podía dejarme sentado en un sillón definitivamente, que algo había que hacer; nos pusimos a pensar y no fue difícil darme cuenta que la solución estaba en acogerme a las nuevas disposiciones que ofrecía el trabajo por cuenta propia, donde se contempla como una de sus modalidades el trabajo de jardinería.

“La solución estaba ahí, no tenía que invertir en recursos caros, solo mis manos, mi creatividad y el deseo de echar pa´lante era el presupuesto con que contaba y entonces había que aprovecharlo.

“Por suerte, a esto se une la característica de este barrio donde casi todo el mundo tiene un jardín y por tanto solo era comenzar mi proyecto de vida porque mis propios vecinos ponen el espacio.

“Pero no pienses que es tan fácil, he llegado a lugares donde la maleza y la yerba mala campean por su respeto y tengo que imponer mis mañas, horas y he tenido días en que regreso casi a las ocho de la noche, haciendo mi paradita para almorzar, claro está”. (me dice riendo más con sus ojos pardos que con la boca)

—¿Pensaste alguna vez que cuando te jubilaras tendrías una nueva opción de trabajo? ¿Qué piensas del trabajo por cuenta propia?

—De joven uno no concientiza eso de la jubilación, el curso de la vida te va poniendo las disyuntivas y entonces es cuando hay que decidir.

“El cuentapropismo es una posibilidad que tiene quien llega a esa etapa de continuar siendo útil socialmente, además de los beneficios económicos que aporta a la familia. Te confieso que la jardinería no es de las más lucrativas, además los años suman más cansancio al esfuerzo físico, pero estoy embullado.

“Mira, te voy a contar algo que me pasó ayer. Estando en plena labor pasó una señora que conozco y le dijo a la dueña de la casa lo bello que le estaba quedando su jardín. Su voz me hizo levantar la cabeza; ella al verme dijo: «tenía que ser él, Emilio, el hombre más curioso que conozco, el mejor jardinero que hay en La Playa».

Ya no lo veré pasar vistiendo su impecable uniforme. Ahora lo veo como el dueño de unas manos que hacen magia en los jardines de mi barrio. Emilio apostó por seguir con los pies en la tierra, trabajando para embellecer lo posible.

20190609_160056

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s