Nuestro Bola de Nieve, esencia de cubanía (+ Video)

POR OLIVIA MARÍA HERRERA JUNCO

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El 2 de octubre de 1971, hace 48 años, el cantante, pianista, compositor cubano de fama mundial Ignacio Jacinto Villa y Fernández, conocido como Bola de Nieve, nos  dijo adiós en la Ciudad de México.

Cuentan que le molestaba dicho sobrenombre, que desde su infancia le habían dedicado los muchachos del barrio, como burla por su gruesa figura y su oscura piel,  en la época en que aún no era famoso y esperaba ante el Teatro Carral para sustituir al pianista de la función cuando este faltaba, o bien para acompañar los filmes mudos que por entonces se proyectaban.

Con respecto al origen de su apodo existen dos versiones. Para muchos lo popularizó Rita Montaner, cuando la cantante hizo que apareciera en un cartel de presentación de un programa de teatro, en México: Rita Montaner y Bola de Nieve. Para otros, fue idea de un médico de la localidad, llamado Carlos Guerrero.

El despegue de su carrera artística comenzó al trabajar como pianista acompañante de Rita Montaner. Juntos se presentaron en los escenarios más prestigiosos de Hispanoamérica, los Estados Unidos. y Europa. Compartió con prestigiosos artistas, como el maestro Ernesto Lecuona, la  cubana Esther Borja y la argentina Libertad Lamarque… La primera ocasión en que interpretó de manera exclusiva piezas de su autoría fue en la ciudad de Matanzas, temas como Carlota ta morí y Mamá Inés, en honor a su madre.

Bola de Nieve cantó en español, inglés, francés, italiano, catalán y portugués., y cuando se le preguntaba por su nacionalidad, siempre se definió latinoamericano, por lo que resultó un intérprete de variado repertorio internacional. Entre sus  canciones más populares se encuentran: No puedo ser feliz, Si me pudieras querer; Chivo que rompe tambó;  Ay, amor; Mesié Julián; Drume, negrita; No dejes que te olvide; Ay, venga, paloma, venga ; así como  Quirino con su tré –con texto de Nicolás Guillén–,  Alma mía y Arroyito de mi casa.

A pesar de componer piezas antológicas, no se consideraba como tal, ni tampoco un cantante, por lo que en una ocasión expresó:

“Yo no creo que soy un compositor ni me respeto como tal. Yo no creo en Bola de Nieve compositor. De las cosas que así me salieron, cancioncitas de esas baratas que yo hago, hay algunas que han gustado. Creo que lo mejor que me califica es mi personalidad de intérprete. No soy exactamente un cantante, sino alguien que dice las canciones, que les otorga un sentido especial, una significación propia, utilizando la música para subrayar la interpretación […]. Cuando interpreto una canción ajena no la siento así. La hago mía. Yo soy la canción que canto; sea cual fuere su compositor. Por eso, cuando no siento profundamente una canción, prefiero no cantarla. Si yo canto una canción porque está de moda, pero no la siento, entonces no la puedo trasmitir, no le puedo dar nada a quien me escucha. Yo entiendo por arte dar las cosas como uno las siente, poniendo al servicio del autor la propia personalidad, y establecer esa corriente que hace que el público ría o llore, o guarde silencio”.

Por su carisma personal, estilo peculiar y esencia de cubanía  alcanzó una gran popularidad. Nos  dejó sus composiciones, sin duda, patrimonio de nuestra cultura, la mezcla perfecta entre lo clásico y lo popular.

 

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