La lista y el Sauto

POR JESSICA ACEVEDO ALFONSO

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Se anotan, vuelven cada cuatro o cinco horas, según lo pactado por los organizadores o por las propias personas que se ponen de acuerdo. La lista crece, la ventaja que proporcionan las nuevas tecnologías, permite que cada quien registre en su celular una fotografía de quienes los anteceden, para tener evidencia y espantar a los “colados”.

Dicen que la lista comenzó desde el domingo, porque lo cierto es que hay muchas personas que esperan poder ver la presentación de Descemer Bueno. El fenómeno comienza a tomar dimensiones mayores en el portalón del Teatro Sauto y comentan los asiduos visitantes que la situación se repitió para obtener puestos en las presentaciones del Ballet Nacional e Ivette Cepeda. Bajo la mirada de todos y con la complicidad de muchos sucede.

Sé que la reapertura del Sauto, con su esplendor, ha venido a atizar el deseo latente e insatisfecho por muchos años de miles de yumurinos de apreciar una función en el coliseo, que cuenta con el valor añadido de ser Monumento Nacional.

Entiendo que fueron lustros de espera, de deseos reprimidos e inconformidades cuando alguna gira evadía la ciudad por no contar con una sede a la altura para las presentaciones; más en una urbe conocida como la Atenas de Cuba por la cultura que han intentado defender sus habitantes. Pero no puede ser esta excusa para provocar el desorden.

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Hasta ahora no han cesado las presentaciones de primer nivel, muestra de que la dirección del Teatro Sauto, sin dudas, con un gran esfuerzo y seguramente sorteando las dificultades económicas y la escasez de combustible ha articulado cada uno de los espectáculos para brindar al público propuestas tan lejanas y añoradas.

Sin embargo, la aparición de la escurridiza lista ha creado incomodidad entre los que deseamos apreciar el buen arte que allí se exhibe, y a mi juicio contrasta en gran medida con el entorno cultural que con tanto esfuerzo se ha empeñado en construir la Oficina del Conservador y otras instituciones en los alrededores de la primera plaza de Armas.

Confrontaciones en el portalón del teatro, voces alteradas, personas recostadas a las paredes y que además ingieren alimentos allí y muchas veces dejan los restos de papeles, nailon y cualquier otro tipo de basura en los alrededores son algunas de las consecuencias de la indisciplina social, que no es culpa de la lista, sino de quienes se anotan en ella.

Eso sin contar que puedan aparecer personas inescrupulosas que se aprovechen para revender las entradas.

Si la dirección de la institución habilitó una fecha para vender las entradas qué necesidad hay de que un grupo de personas inicie una lista que, por supuesto, excluye a otros que madrugaron el día informado oficialmente para obtener sus entradas.

Creo que la capacidad para apreciar el buen arte que ennoblece el alma y el espíritu, y que no está solo en engalanarnos para acudir a la función, debe ir de la mano con la cultura de la disciplina, el cuidado y el civismo que implica desde hacer una cola hasta respetar las normas que establece la institución. Ya tenemos Sauto, ahora resta conservarlo.

Una respuesta a “La lista y el Sauto

  1. Lamentable lo de esa famosa lista y la indisciplina social, pero lamentable también que ayer en la última función de La Colmenita, el teatro abrió su taquilla a las 2:58 pm para vender primero 10 entradas y después 15 más para una función que comenzaba (y comenzó) a las 3 en punto. ¿Cómo?¿De dónde salieron?¿25 entradas fantasmas? ¿Dos minutos antes? !Si desde el día anterior había un cartel que informaba categóricamente que se habían agotado! Como no se visualizaba la posibilidad de que vendieran más entradas, unas cuantas personas con sus niños, incluyendo algunas que no habían logrado entrar por la mañana, esperábamos pacientes en la puerta del teatro algún fallo o tal vez confiando en que, a última hora, el sensible personal del teatro entrara y acomodara a los niños sin entradas en los puestos vacíos, como hace Teatro Las Estaciones o Papalote cuando la sala está llena cobrándoles en la puerta y a veces hasta gratis, sin tanto trauma ni estrés. Pero no, no fue así, a las 2:58 anunciaron que se venderían esas entradas, y entonces se desató la debacle: las personas corrieron a la taquilla, los que estaban más cerca clasificaron, aunque algunas de ellas llegaron más tarde que otras que estaban mal ubicadas en la dichosa puerta. Hubo quejas, gritos, gente cansada por la espera y como es lógico desesperada, una niña llorando, explicaciones a los del teatro con el principal argumento de que nadie dijo en ningún momento que habrían entradas disponibles y por eso no estaban haciendo la fila en la taquilla. La respuesta: «las entradas solamente se venden en taquilla», «este es el procedimiento», «el teatro no organiza la cola», «respeten al teatro». ¿Y a esos padres y niños quién los respetó ayer? Esto lo viví ayer con mi hijo, no es chisme ni comentario malsano, y para colmo la pantalla ubicada en el portal se veía mal y hasta falló unos minutos. Lo que hablaba la gente en la cola no lo voy a escribir, porque no acostumbro a repetir información sin saber si es cierta o no, y menos aquella que desprestigie a mi ciudad y a su gente trabajadora, y sobre todo porque detrás de la apertura del Teatro Sauto sé que hubo y hay mucho sacrificio y muchaísimas buenas intenciones. Solamente pido sentido común, más respeto al público y más si es infantil como en el caso de ayer. Pido consideración a un pueblo ávido de este tipo de actividades que en nuestra bella ciudad faltaron por mucho tiempo, inexplicablemente

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