¿Cómo sobrevivir la universidad sin saber nada de fútbol?

POR GUILLERMO CARMONA RODRÍGUEZ

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La práctica del más universal de los deportes cuenta con un gran número de seguidores en CubaFoto: Tomada de Internet

Hay un poema de Sergio García Zamora, un autor santaclareño que, más o menos, cuenta que unos amigos discutían en un bar sobre quién resultaba más talentoso entre Tolstoi, Balzac o Dostoievski.  Como no llegaban a un acuerdo, se acercaron al cantinero que veía un partido de fútbol en un televisor detrás de la barra, y le preguntaron que quién, para él, era el mejor.
–  Messi- contesta.

Esta historia me parece adecuada para describir gran parte de mi estadía en la universidad. Cada mañana cuando me bajaba del ómnibus, o, para hacerlo más realista, cuando me vomitaba en el ómnibus, y a paso de zombi me dirigía al aula, al acercarme a un banco, quicio o muro donde se reunieran más de dos varones siempre se discutía sobre los cruces de la Champions, los fichajes en el mercado de invierno y los líderes goleadores.

Un conocido una vez jugó con la frase de Carlos Marx sobre que “La religión es el opio de los pueblos” y comentó que el opio de la contemporaneidad resultaba el deporte. Para que no malinterpreten el propósito de este escrito diré que no estoy de acuerdo con ese criterio ni en contra del fútbol. De vez en cuando, disfruto de algún evento importante: la cita mundialista, la Eurocopa, una final determinada. Creo que el deporte tiene la maravillosa habilidad de aunar a la especie humana y darle un sentido de tribu primigenia.

Este largo prólogo me sirve para calzar la siguiente afirmación: la universidad cubana necesita formar profesionales críticos, no solo profesionales. El objetivo de los centros de educación superior del país no es solo atiborrar la cabeza de los estudiantes con contenido, como el café que cuela y llega hasta un tope, sino darle herramientas para entender los procesos de su realidad.

A alguno de estos jóvenes, sobre todo, aquellos que cursan una carrera con un perfil de ciencias, si le mencionas asignaturas como Filosofía, Economía Política u otra cualquiera con un enfoque humanista te viran los ojos, resoplan o se les escapa un ¡Bahh!

Tengo un amigo que de vez en cuando me pregunta con aire de burla: ¿Ven acá si un árbol se cae en el medio de bosque y nadie lo ve, por fin se cayó? Esto resulta una exageración de su parte, una parodia, pero demuestra la percepción sobre estos temas. Sin embargo, el pensamiento, como las piernas de un futbolista, se entrena cada día con el ejercicio del razonar, del leer y del aprender.

En verdad la apatía-política, intelectual- resulta, por desgracia, un mal generalizado entre los jóvenes que siguen con más detenimiento a quién le entregan el Balón de Oro o quién gana Nuestra Belleza Latina que las nuevas formas de propiedad que contiene el Proyecto de Constitución. Disimiles causas provocan este fenómeno: el espectáculo banal, la pérdida de la identidad o la falta de fe.

Crear espacios de debate dentro de los centros universitarios, estimular el gusto por la lectura y por las actividades culturales- no cuentan discotecas ni bares-, siempre con una presentación fresca, divertida, porque tampoco resulta sano el abuso de “la metatranca”, constituyen medidas que, de una manera u otra, y aunque el éxito no está garantizado, pudieran amainar esta abulia generacional. Por último, el cantinero tenía razón Messi sí es el mejor.

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