Cuando la tecnología genera malestar

POR LISANDRA PÉREZ COTO

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Día 1: La idea era simple: comprar los zapatos y listo. Lo complejo vino después. Primero una cajera que no sabe, que busca la ayuda de una compañera, el malestar de los clientes en la cola ante el retraso de un «conectando» en la pantalla del POS, que termina entorpeciendo los planes con algo aparentemente tan sencillo como el pago electrónico. Al final, el «diabólico» equipo reproduce otro cartel que concluye con las esperanzas y la paciencia: «Tarjeta rechazada».

Día 2: Confiada en las explicaciones de que solo era un problema del sistema, regresas al lugar de los hechos, esta vez convencida de que será la definitiva. Pero no. Ni siquiera imaginas lo que falta aún y te marchas porque esta vez la dependienta de turno no sabe cómo aplicar la tasa de impuestos, o eso te dice.

Día 10: La sucesión de jornadas anteriores resulta un tanto monótona para narrar. En resumen, varias veces cerrada el área de venta, nuevas complejidades en el sistema, transferencias de área fallidas, el POS que otra vez no funciona… y más. Conclusión, que terminas juntando el dinero en efectivo y pagas. Por suerte el horror ha terminado.

Desde hace más de 20 años el comercio electrónico es un hecho en todo el mundo. Cuba ha implementado sucesivos cambios y estrategias que la acercan un poco más a esta perspectiva, entre los que sobresalen el incremento del número de usuarios con tarjetas magnéticas, la instalación de cajeros automáticos, los terminales o POS de venta, así como los numerosos servicios de la banca móvil.

Sin embargo, utilizar adecuadamente estos servicios puede resultar un inconveniente cuando se desconocen sus funciones y las ventajas que ofrecen, mucho más cuando no resultan suficientes las condiciones tecnológicas, impidiendo por tanto la eficiencia y calidad de las prestaciones que se propone esta estrategia.

Promover el uso de las tarjetas y beneficiar a los usuarios con varias promociones y facilidades, resulta insuficiente, teniendo en cuenta que muchos de los establecimientos a los que se dirigen los consumidores no poseen el POS, medio indispensable para realizar el pago. Por otra parte, la disponibilidad muchas veces se ve limitada por su sistema, en ocasiones lento, otras, sin funcionar.

Si a ello le sumamos la incapacidad de muchos trabajadores para operar con estos equipos o la lentitud y el malestar que genera la espera ante una de mora por estas limitantes, entonces, no parece tan descabellado que quienes necesitan adquirir un producto acudan a los cajeros automáticos a «sacar dinero».

Pero si vamos al cajero la cola continúa, justamente por la alta demanda ante tales inconvenientes. Sin mencionar la falta de efectivo en algunos casos o el mal estado técnico de muchos.

En Matanzas, por ejemplo, en tres años no se instalaron nuevos equipos, a pesar de los crecientes reclamos, fundamentalmente por parte de algunos jubilados, a quienes se les dificulta en extremo el acceso. Sin mencionar que existen barrios como Versalles en los que no se cuenta con ellos.

Conocemos de las dificultades existentes en el país para la adquisición de este tipo de tecnología y los esfuerzos que anualmente se realizan para informatizar la sociedad, mas debemos tener en cuenta que cada día aumenta el número de tarjetas circulando, pues son muchos los trabajadores que reciben su salario mediante esa vía.

El comercio electrónico en Cuba es otra asignatura pendiente. La promoción e implementación de esos métodos no puede estar aislada del lógico acompañamiento informativo y de la infraestructura tecnológica adecuada. De lo contrario, comprar algún artículo o pagar determinado servicio se con vierte más en un problema que en una ventaja.

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